En un caserón ruinoso de la calle
Castelbondo, donde funcionaba La Normal Piloto de Bolívar Nuestra Señora del
Carmen de Cartagena, tuve la fortuna de estudiar y graduarme como Maestro de
Educación de la básica primaria, ahí escribí algunas de estas composiciones
poéticas, motivado por la constante evocación que de mi pueblo hacía, otras los
escribí en una pieza alquilada en el aristocrático barrio Manga y otras en una
casa salitrosa enclavada en una calle semitugurial llamada Calle del Camarada
en el populoso barrio La Esperanza, casi de espaldas a La Popa, donde la
cambiante situación económica de la familia me había llevado.
Más tarde en la ciudad de
Valledupar, rodeado del bullicio de casi un centenar de niños desadaptados, en
la Correccional de menores, donde laboré por primera vez como maestro, continué
explorando en el verso y en la prosa —siempre evocando a mi pueblo natal y
ahora a Cartagena— utilizando de acuerdo al humor el estilo cáustico y
humorístico, de los versos que publico hoy o el estilo de poeta trasnochado de
almibarados versos donde destilaba sentimientos de hombre enamorado.